Portada vertical de ambiente oscuro y cálido. Henrietta está de pie en su sala, mirando hacia el techo mientras ondas rosadas representan pasos procedentes del piso superior. El título dice «Los pasos del piso de arriba», con el subtítulo «Una historia de Henrietta Chiaretti» y la onomatopeya «Tap... tap...».

Los pasos del piso de arriba #1

Henrietta Chiaretti comienza su mañana antes de lo previsto cuando el ruido de una silla arrastrándose la despierta a las siete en punto.

Al principio, los pasos que escucha sobre el techo parecen formar parte de los sonidos habituales del edificio. Sin embargo, cuando Henrietta descubre que se detienen, avanzan y cambian de ritmo junto con ella, una simple molestia matutina se transforma en un extraño juego entre dos vecinas que nunca llegan a verse.

¿Se trata de una coincidencia, de un fenómeno acústico o de una conversación construida únicamente con pasos?

Los pasos del piso de arriba es una breve historia de misterio cotidiano, curiosidad y humor protagonizada por Henrietta Chiaretti.

Versión manga

Página de tres viñetas. Arriba se ve el exterior del edificio durante una mañana despejada; abajo, Henrietta despierta en su dormitorio a las 07:00, se frota un ojo y después mira el techo desde la cama al oír «GRRRRRR». Piensa: «¿Otra vez arrastrando una silla ahí arriba a esta hora...?».
Henrietta permanece sentada en la cama mientras reflexiona sobre los sonidos propios de los edificios. Luego prepara café en la cocina y, en la viñeta inferior, abre las cortinas lilas del gran ventanal con la taza en la mano. Sobre ella se oyen dos pasos: «Tap. Tap.».
Henrietta camina por la sala con su café; una segunda vista desde atrás muestra que los pasos del techo avanzan en la misma dirección. En la viñeta inferior, una vista amplia de la sala la muestra detenida entre el sofá rojo, la mesa central y el televisor. El texto concluye: «Me detuve. Los pasos también.».
En la viñeta grande, Henrietta observa la lámpara del techo mientras sostiene la taza. Abajo, un corte imaginario muestra dos departamentos de distribución casi idéntica pero con muebles de distintos colores y dos siluetas femeninas; en la última viñeta, Henrietta abre el refrigerador y espera sin intención de sacar nada.
Henrietta cierra el refrigerador mientras mira hacia arriba, deja atrás la cocina y recorre el pasillo al compás de pasos superiores. La viñeta inferior muestra el baño en primer plano y a Henrietta al fondo, junto a la puerta; la narración indica que arriba realizaron el mismo recorrido.
Henrietta regresa desde el pasillo hacia la sala. Después escucha nuevamente «Tap... tap...» y permanece atenta cerca del sofá y del televisor. Un primer plano final muestra su expresión de curiosidad preocupada al reconocer que ya necesita demasiadas coincidencias para explicar lo ocurrido.
Henrietta se queda inmóvil en medio de la sala y espera durante cinco y luego diez segundos. Tras un primer plano silencioso, la viñeta inferior la muestra dando dos pasos largos y rápidos junto a la mesa central. La onomatopeya dice «Tap. Tap.».
Henrietta espera de pie y mira hacia el techo. Los dos pasos son respondidos desde arriba con otro «Tap. Tap.», mientras ella se toca el cuello con cautela. En el primer plano final, su expresión pasa del sobresalto a una curiosidad intensa.
Henrietta considera si sus propios pasos podrían viajar por las tuberías; un esquema blanco de conductos y ondas aparece superpuesto a la sala. Luego decide buscar una prueba y la viñeta inferior usa tres posiciones sucesivas semitransparentes para mostrar dos pasos rápidos y uno lento: «Tap. Tap... tap.».
Henrietta mira el techo mientras desde arriba repiten exactamente «Tap. Tap... tap.». Un primer plano muestra su sorpresa al descartar la explicación de las tuberías. Abajo imagina dos salas superpuestas con la misma distribución: ella aparece como silueta lila en la inferior y la vecina como silueta roja en la superior, rodeada de muebles distintos.
Henrietta tiene una idea y señala hacia arriba bajo el dibujo de una bombilla. Camina lentamente por la sala mientras los pasos siguen su ritmo; después acelera y corre por el pasillo hacia el dormitorio, acompañada por un fuerte «TAP TAP TAP».
En la viñeta grande, Henrietta da media vuelta en el pasillo y regresa a la sala mientras los pasos realizan un recorrido extraño sobre su cabeza. Abajo sonríe con extrañeza al sentir que aquello parece un juego. Finalmente alza un brazo como directora de orquesta y desde arriba responde un golpe suave: «Toc.».
Henrietta baja la mano y oye otro «Toc», reaccionando con incredulidad. En el pasillo imagina cómo podría preguntar a la vecina si está copiando sus pasos. La viñeta inferior abre la sala completa y silenciosa; Henrietta espera sin recibir ninguna respuesta.
Henrietta prepara mentalmente una secuencia de tres pasos cortos hacia la ventana y uno largo de regreso; una línea punteada numerada marca el recorrido por la sala. Un primer plano muestra su pie levantado. Antes de que lo apoye, escucha desde arriba un ritmo nuevo: «Tap... tap-tap... tap.».
Un primer plano de Henrietta mirando el techo acompaña la repetición del nuevo ritmo. Después varias posiciones de su cuerpo muestran cómo lo imita con un paso lento, dos rápidos y otro lento. La viñeta inferior la muestra sorprendida en la sala al comprender que ahora ella está copiando a la persona de arriba.
Henrietta sonríe mirando hacia el techo, con la impresión de que ambas mujeres sonríen al mismo tiempo. Después se sienta en el sofá rojo y bebe su café ya frío. En la última viñeta sostiene la taza y bromea mentalmente con que, si la vecina copia todo, también podría limpiar su cocina: «Creo que ya la encontré.».
Henrietta permanece sentada en el sofá con la taza mientras el departamento vuelve al silencio: no hay pasos, sillas ni golpes. Un primer plano la muestra reflexionando sobre si fue una coincidencia, un problema acústico o una conversación. La viñeta final abre toda la sala y anuncia que mañana esperará a descubrir cuál de las dos da el primer paso; aparece la palabra «FIN».

Versión prosa

Buenos días.

Hoy me desperté antes de que sonara la alarma.

No porque quisiera. A las siete en punto, alguien arrastró una silla en el departamento de arriba.

GRRRRRR.

Nota de continuidad temporal del relato: El primer arrastre de la silla ocurre exactamente a las 07:00.

Me quedé mirando el techo unos segundos.

—La vecina madrugó otra vez…

No era la primera vez que la escuchaba. Los edificios tienen sus propios sonidos: tuberías, puertas, muebles y personas que deciden caminar con zapatos a horas incomprensibles. Así que me levanté, preparé café y traté de continuar con mi mañana.

Mientras esperaba que hirviera el agua, fui hasta la ventana para abrir las cortinas.

Entonces escuché un par de pasos arriba.

No les di importancia.

Regresé a la cocina.

Dos segundos después, los pasos recorrieron el techo en la misma dirección.

Me detuve.

Los pasos también.

Miré hacia arriba, aunque sabía perfectamente que no iba a descubrir nada observando una lámpara.

Seguí caminando.

Arriba volvieron a moverse.

La explicación más sencilla era que ambas teníamos una rutina parecida. Los departamentos del edificio compartían casi la misma distribución. Si mi cocina estaba allí, probablemente la suya también. No sería extraño que dos personas recién levantadas caminaran hacia los mismos lugares.

Abrí el refrigerador.

Esperé unos segundos frente a él, fingiendo buscar algo, aunque en realidad no pensaba sacar nada.

Silencio.

Lo cerré.

Dejé la taza sobre la mesa y fui hacia el pasillo.

Los pasos regresaron.

Caminé hasta el baño.

Arriba hicieron el mismo recorrido.

Volví a la sala.

También.

Aquello seguía pudiendo ser una coincidencia, aunque comenzaba a necesitar demasiadas coincidencias para explicarse.

Me quedé completamente inmóvil en medio de la sala, escuchando.

Cinco segundos.

Diez.

Nada.

Di dos pasos rápidos.

Tap. Tap.

Esperé.

Desde arriba llegaron dos pasos.

Tap. Tap.

Sentí un pequeño escalofrío, pero la curiosidad ganó antes de que pudiera asustarme.

Quizá el edificio deformaba los sonidos. Tal vez mis propios pasos viajaban por alguna tubería y parecían venir del techo. No sabía si eso tenía sentido, pero sonaba suficientemente técnico como para tranquilizarme.

Necesitaba una prueba menos accidental.

Di dos pasos rápidos, esperé un momento y terminé con uno lento.

Tap. Tap… tap.

Arriba repitieron exactamente el mismo ritmo.

Tap. Tap… tap.

Ya no pude culpar a las tuberías.

Miré el techo.

Por primera vez imaginé a la vecina de pie en una sala idéntica a la mía, observando el suelo y preguntándose por qué la chica del departamento inferior caminaba de una manera tan absurda.

Decidí probar otra cosa.

Caminé muy despacio.

Los pasos me siguieron con el mismo ritmo.

Aceleré.

También aceleraron.

Di media vuelta y regresé a la sala.

Los pasos realizaron un recorrido extraño sobre mi cabeza.

Se me escapó una sonrisa.

Ya no parecía una amenaza. Se parecía más a un juego que ninguna de las dos se había molestado en explicar.

Marqué una entrada en el aire, como si dirigiera una orquesta invisible.

Arriba se escuchó un golpe suave.

La bajé.

Otro golpe.

—No puede ser…

Pensé en subir y tocar su puerta, pero no sabía cómo comenzar aquella conversación.

Buenos días. ¿Está usted copiando mis pasos o tenemos exactamente el mismo problema?

Mientras intentaba decidirlo, todo quedó en silencio.

Esperé.

Nada.

Preparé otra secuencia en mi cabeza: tres pasos cortos hacia la ventana y uno largo de regreso. Esta vez sería imposible confundirla con una caminata normal.

Levanté un pie.

Pero antes de apoyarlo, escuché los pasos de arriba.

Tap… tap-tap… tap.

Era un ritmo nuevo.

Me quedé quieta.

La secuencia se repitió.

Tap… tap-tap… tap.

Sin pensarlo demasiado, la imité.

Un paso lento.

Dos rápidos.

Otro lento.

Cuando terminé, comprendí lo que acababa de hacer.

Ahora era yo quien estaba copiando a la persona de arriba.

Me quedé mirando el techo y, aunque no podía verla, tuve la extraña impresión de que en ese momento ambas estábamos sonriendo.

Después de eso no volvió a escucharse nada.

Recogí la taza de la mesa y me senté en el sofá. El café ya estaba frío.

Pensé que, si realmente la vecina quería imitar todo lo que hacía, también podía limpiar mi cocina. Llevaba varios días pensando en contratar a alguien.

Creo que ya la encontré.

Pero no hubo pasos.

No hubo sillas.

No hubo otro golpe.

Todavía no sé si fue una coincidencia, un problema acústico o una conversación muy extraña entre dos personas que nunca llegaron a verse.

Mañana voy a levantarme a la misma hora.

Pero esta vez no pienso dar el primer paso.

Quiero saber cuál de las dos empieza.

Epilogo (próximamente)

Estoy desarrollando un pequeño «extra» que acompaña a la historia de este manga, agregaré 5 páginas adicionales donde se pone a pesar de lo sucedido en su departamento e intenta explicar sin exito el suceso.

Fin, pronto habrá novedades de este mismo manga, gracias por llegar hasta aquí

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