
Los pasos del piso de arriba #1
Henrietta Chiaretti comienza su mañana antes de lo previsto cuando el ruido de una silla arrastrándose la despierta a las siete en punto.
Al principio, los pasos que escucha sobre el techo parecen formar parte de los sonidos habituales del edificio. Sin embargo, cuando Henrietta descubre que se detienen, avanzan y cambian de ritmo junto con ella, una simple molestia matutina se transforma en un extraño juego entre dos vecinas que nunca llegan a verse.
¿Se trata de una coincidencia, de un fenómeno acústico o de una conversación construida únicamente con pasos?
Los pasos del piso de arriba es una breve historia de misterio cotidiano, curiosidad y humor protagonizada por Henrietta Chiaretti.
Versión manga

















Versión prosa
Buenos días.
Hoy me desperté antes de que sonara la alarma.
No porque quisiera. A las siete en punto, alguien arrastró una silla en el departamento de arriba.
GRRRRRR.
Nota de continuidad temporal del relato: El primer arrastre de la silla ocurre exactamente a las 07:00.
Me quedé mirando el techo unos segundos.
—La vecina madrugó otra vez…
No era la primera vez que la escuchaba. Los edificios tienen sus propios sonidos: tuberías, puertas, muebles y personas que deciden caminar con zapatos a horas incomprensibles. Así que me levanté, preparé café y traté de continuar con mi mañana.
Mientras esperaba que hirviera el agua, fui hasta la ventana para abrir las cortinas.
Entonces escuché un par de pasos arriba.
No les di importancia.
Regresé a la cocina.
Dos segundos después, los pasos recorrieron el techo en la misma dirección.
Me detuve.
Los pasos también.
Miré hacia arriba, aunque sabía perfectamente que no iba a descubrir nada observando una lámpara.
Seguí caminando.
Arriba volvieron a moverse.
La explicación más sencilla era que ambas teníamos una rutina parecida. Los departamentos del edificio compartían casi la misma distribución. Si mi cocina estaba allí, probablemente la suya también. No sería extraño que dos personas recién levantadas caminaran hacia los mismos lugares.
Abrí el refrigerador.
Esperé unos segundos frente a él, fingiendo buscar algo, aunque en realidad no pensaba sacar nada.
Silencio.
Lo cerré.
Dejé la taza sobre la mesa y fui hacia el pasillo.
Los pasos regresaron.
Caminé hasta el baño.
Arriba hicieron el mismo recorrido.
Volví a la sala.
También.
Aquello seguía pudiendo ser una coincidencia, aunque comenzaba a necesitar demasiadas coincidencias para explicarse.
Me quedé completamente inmóvil en medio de la sala, escuchando.
Cinco segundos.
Diez.
Nada.
Di dos pasos rápidos.
Tap. Tap.
Esperé.
Desde arriba llegaron dos pasos.
Tap. Tap.
Sentí un pequeño escalofrío, pero la curiosidad ganó antes de que pudiera asustarme.
Quizá el edificio deformaba los sonidos. Tal vez mis propios pasos viajaban por alguna tubería y parecían venir del techo. No sabía si eso tenía sentido, pero sonaba suficientemente técnico como para tranquilizarme.
Necesitaba una prueba menos accidental.
Di dos pasos rápidos, esperé un momento y terminé con uno lento.
Tap. Tap… tap.
Arriba repitieron exactamente el mismo ritmo.
Tap. Tap… tap.
Ya no pude culpar a las tuberías.
Miré el techo.
Por primera vez imaginé a la vecina de pie en una sala idéntica a la mía, observando el suelo y preguntándose por qué la chica del departamento inferior caminaba de una manera tan absurda.
Decidí probar otra cosa.
Caminé muy despacio.
Los pasos me siguieron con el mismo ritmo.
Aceleré.
También aceleraron.
Di media vuelta y regresé a la sala.
Los pasos realizaron un recorrido extraño sobre mi cabeza.
Se me escapó una sonrisa.
Ya no parecía una amenaza. Se parecía más a un juego que ninguna de las dos se había molestado en explicar.
Marqué una entrada en el aire, como si dirigiera una orquesta invisible.
Arriba se escuchó un golpe suave.
La bajé.
Otro golpe.
—No puede ser…
Pensé en subir y tocar su puerta, pero no sabía cómo comenzar aquella conversación.
Buenos días. ¿Está usted copiando mis pasos o tenemos exactamente el mismo problema?
Mientras intentaba decidirlo, todo quedó en silencio.
Esperé.
Nada.
Preparé otra secuencia en mi cabeza: tres pasos cortos hacia la ventana y uno largo de regreso. Esta vez sería imposible confundirla con una caminata normal.
Levanté un pie.
Pero antes de apoyarlo, escuché los pasos de arriba.
Tap… tap-tap… tap.
Era un ritmo nuevo.
Me quedé quieta.
La secuencia se repitió.
Tap… tap-tap… tap.
Sin pensarlo demasiado, la imité.
Un paso lento.
Dos rápidos.
Otro lento.
Cuando terminé, comprendí lo que acababa de hacer.
Ahora era yo quien estaba copiando a la persona de arriba.
Me quedé mirando el techo y, aunque no podía verla, tuve la extraña impresión de que en ese momento ambas estábamos sonriendo.
Después de eso no volvió a escucharse nada.
Recogí la taza de la mesa y me senté en el sofá. El café ya estaba frío.
Pensé que, si realmente la vecina quería imitar todo lo que hacía, también podía limpiar mi cocina. Llevaba varios días pensando en contratar a alguien.
Creo que ya la encontré.
Pero no hubo pasos.
No hubo sillas.
No hubo otro golpe.
Todavía no sé si fue una coincidencia, un problema acústico o una conversación muy extraña entre dos personas que nunca llegaron a verse.
Mañana voy a levantarme a la misma hora.
Pero esta vez no pienso dar el primer paso.
Quiero saber cuál de las dos empieza.
Epilogo (próximamente)
Estoy desarrollando un pequeño «extra» que acompaña a la historia de este manga, agregaré 5 páginas adicionales donde se pone a pesar de lo sucedido en su departamento e intenta explicar sin exito el suceso.